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Sobre querer crecer en el cine

Autora
Agostina Cincotta
Fotos
Reggina Idiartegaray

Después de la secundaria, tenés la presión social de elegir una profesión y decidir qué vas a hacer con tu vida. Desde que arrancás una carrera hay un reloj de arena mental que muestra que se van agotando las oportunidades de crecer y de aprovechar el tiempo para hacer más cosas a nivel profesional. Creo que es algo que debe pasar en todas las carreras por el sistema en el que vivimos y la competencia en el mercado que es cada vez más exigente. En mi carrera que es dirección cinematográfica, digamos cine en general, la presión de pegarla antes de los 30 es bastante molesta. Si no realizaste cortos o tu primer largometraje y estás llegando a tus 30 la sensación es la de fracaso rotundo. Si no pisaste un festival un poco también. Y sí, me pesa a mí porque soy autoexigente y siempre creo que puedo hacer más de lo que hago, pero también le pesa a amigues del ambiente. Esto pasa por varias cosas.

Como estudiante de cine, es desalentador ver pocas películas dirigidas por mujeres recorriendo festivales y circulando en plataformas.

Para trabajar en la industria cinematográfica necesitás tener contactos y oportunidades, y ahí ya hay un gran porcentaje de nosotres que quedamos fuera de ese mercado laboral porque las mujeres y las disidencias no tenemos igualdad de oportunidades. La imposibilidad de acceder a cargos jerárquicos en películas o publicidades, la falta de producciones nacionales dirigidas por mujeres y disidencias, la poca participación en festivales, son todo parte del mismo problema. Como estudiante de cine, es desalentador ver pocas películas dirigidas por mujeres recorriendo festivales y circulando en plataformas.

El sexismo cinematográfico no solo se vive en la industria y en los trabajos con papeles y sindicatos de por medio. Siendo una carrera donde muchas veces trabajas gratis para generar contactos o experiencias, era agotador ver cómo amigos varones cis cobraban un sueldo razonable por el laburo que yo estaba haciendo sin ver un peso. Y no tiene que ver con las capacidades, ni el profesionalismo, ni con el resultado del trabajo final: tiene que ver con que a los varones cis se les paga. Más de una vez me pasó de, por recomendaciones, acercarme a la posibilidad de hacer un videoclip y que quienes iban a contratarme prefirieran no hacerlo al enterarse que lo iba a realizar una mujer. Esto pasa hoy, ahora, y se replica en distintas carreras, como ya lo sabemos.

Tuve una etapa donde resolví que la carrera tal vez la tenía que hacer así, laburando gratis por la experiencia, por los contactos, por el material que generaba y porque amo filmar y editar. El tema es que esos contactos nunca me dieron trabajo pago, el material y la experiencia están. El amor al arte nunca falta pero si alguien que me llama por una jornada me quiere tirar unos pesos tampoco me voy a quejar.

Obviamente, esta idea de los 30 años como una línea imaginaria que divide tiene que ver con mi cabeza en gran parte y con esta obsesión mediática con los casos de la gente que sí la pega en sus veintes. Caso conocido de Xavier Dolan que a sus 25 años se ganaba la Palma de Oro en Cannes por Mommy, que era su 5ta película.

Digamos que si sos una persona con problemas con la autoexigencia y por ejemplo, tenes 26 años y 0 largometrajes medio que por momentos ya decís: bueno, ya está, ni nos vimos, cerremos todo. Sé que soy una exagerada y que para mi es todo o nada, vivo con esta mentalidad y es insoportable tener este reloj imaginario todo el tiempo funcionando, porque está activo hasta cuando me quiero sentar a escribir un guion y no puedo. También entra el miedo al fracaso y otras cosas, ¿no? Pero esta sensación del tiempo que se agota y que si no estás en el circuito laboral cinematográfico ya no vas a poder entrar si tenés más de 30 años y poca experiencia en la industria, es real. Es algo que me pasa, que le pasa a amigas y amigos también.

Para poder pensar en proyectos cinematográficos y poder tener el deseo genuino de realizarlos y estrenarlos, es necesaria una igualdad de oportunidades en la industria y en los medios.

Ahora estoy en ese momento donde ya casi termino la carrera y me siento como los peces en el final de Buscando a Nemo. Cuando logran escaparse del consultorio del dentista en bolsas, saltan al mar, festejan y dicen “¿y ahora qué?”. Soy de esas personas que necesitan hacer mil cosas a la vez y en estos últimos años me dediqué a probar otras cosas. Me interesé por la gestión cultural, por el periodismo, hacer contenido para redes, y así pasó que poco a poco me fui alejando de los rodajes y del mundo del cine de ficción. Incluso estando en la carrera de dirección. La única opción para volver al cine es escribir un proyecto para dirigirlo y que lo seleccionen en algún lado.

El año pasado el estudio de el Observatorio de la Industria Audiovisual de la Argentina (OAVA) dejaba ver que en largometrajes el 62% de los puestos de trabajo eran de hombres y el 38% de mujeres, claro está que en este binarismo no entra el registro de puestos de trabajo de otras identidades de género. De los 160 proyectos de largometrajes que se presentaron en el 2017, sólo el 17% tenía como directora a una mujer. Y los datos que llegaron a analizar del 2019, mostraban un total de 379 proyectos activos de los cuales 292 tenían como director a un hombre. Para poder pensar en proyectos cinematográficos y poder tener el deseo genuino de realizarlos y estrenarlos, es necesaria una igualdad de oportunidades en la industria y en los medios. Parece irracional la diferencia en los números, pero es así y lo que se viene post pandemia va a ser igual o peor si no se toman decisiones al respecto.

¿Cómo puedo manejar la presión de tener logros en el ambiente del cine, si no tengo las mismas posibilidades? Es necesaria una paridad de género en la selección de proyectos, en la distribución del dinero y en la conformación de los equipos técnicos. También como estudiantes de cine necesitamos planes de estudio con más directoras, por momentos tuve que buscar por otros medios qué directoras ver. Esto también es consecuencia de no tener las mismas posibilidades de acceder y de crecer en el mundo del cine.

Hasta que logremos eso, yo voy a seguir aportando mi granito de arena desde donde puedo, teniendo mis proyectos por fuera del cine, voy a seguir trabajando de manera freelance (como la mayoría de las mujeres) y voy a seguir revisando mi autoexigencia y el fantasma de qué significa pegarla.

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