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La virtualidad y la nueva subjetividad

Autora
Sasha Bruni
Fotos
Sol Jasminoy

En cuarentena, el universo virtual empezó a funcionar como un brazo tendido en busca de una mano ajena que reduzca las distancias. Las redes sociales, los distintos foros, los blogs y también las apps, fueron el principal foco para simular encuentros que antes se manejaban de manera casi involuntaria. ¿Será esto el comienzo de una nueva forma de habitar lugares? ¿O simplemente será una pausa que sirva para replantearse los epicentros relacionales a los que antes les dábamos nuestra atención?

La historia de cualquier sujeto no puede ser pensada por fuera de su entorno. Su familia, sus amigues y aquelles que considere cercanes cumplirán la función de guía, provocando el despliegue de su propia subjetividad. Durante el crecimiento y los encuentros que vayamos teniendo con otres, absorberemos un montón de cosas que van a afectar nuestras formas de pensar, y a partir de la adolescencia, vamos a ir deconstruyendo parte de todo eso que nos ofertaron, para ir lentamente construyendo un nuevo nosotres.

Las telecomunicaciones avanzan con tal rapidez que las transformaciones socioculturales que vamos atravesando impactan de lleno en nuestra subjetividad. Las herramientas de la información ya no son solo simples herramientas, en este tiempo se convirtieron en un tipo de mediación cultural que interpela tanto nuestra forma de aprender como también de relacionarnos.

Donde había vínculos que arrancaban de modo virtual y luego se materializaban, o donde las redes servían para reflejar encuentros, hoy solo nos queda lo virtual como único nexo a lo externo. (…)

Accedemos a internet y a las redes sociales mediante un montón de dispositivos. Las barreras físicas que antes se nos presentaban como obstáculos, hoy se desdibujan. Estas características posibilitan nuevas formas de comunicación y generan un lenguaje propio del ámbito digital. Así se convierten en mediadoras de la creación de vínculos, en modalidades especiales de encuentros con une otre. Repercuten por completo en la forma de percibir y comprender la realidad que tenemos. 

Esta manera de vincularnos nos deja la sensación de no sentirnos soles en ningún momento. Por el contrario, buscamos la proximidad en las distintas redes de las que somos usuaries actives y lo que nos acerca a otre –además de verle en pantalla– son las reacciones que tenga a nuestro contenido. Eso que decidimos publicar, que soltamos al universo inteligente, atraviesa siempre un momento de curaduría consciente. Elegimos qué es exactamente eso que alguien más va a ver de nosotres. Este universo platónico nos deja idear nuestra imagen a gusto, seguir lo que nos interesa y generar un ambiente de pertenencia, haciéndonos partícipes de un nuevo modo de mostrarnos.

Al principio decíamos que la subjetividad es eso que se construye a partir de las relaciones con otres. Partiendo de esa concepción, se puede pensar lo virtual como nueva forma de acceder a escenarios de búsqueda y encuentro. En estos escenarios todes somos –en términos informáticos– nodos dentro de la complejidad de una estructura.

En el contexto que nos presenta la cuarentena, la virtualidad ocupa un lugar más que fundamental. La funcionalidad del tiempo real nos da una emulación del encuentro: podemos hacer una videollamada con une familiar, tener reuniones laborales, enviar una imagen de lo que estamos haciendo o incluso ver una película en streaming con alguien más. Las distintas apps o redes de las que somos parte nos permiten seguir sujetándonos a la otredad y perteneciendo a los espacios de los que con anterioridad fuimos habitué, pero esta vez desde una nueva perspectiva. Donde había vínculos que arrancaban de modo virtual y luego se materializaban, o donde las redes servían para reflejar encuentros, hoy solo nos queda lo virtual como único nexo a lo externo. Se vuelve la forma exclusiva de encuentro con une otre ajene a nuestro círculo inmediato, de seguir construyendo una subjetividad propia por fuera de lo más cercano.

El ideal del abrazo o del beso se ve atravesado por una barrera invisible e invencible. El trato social queda invisibilizado por el devenir del futuro que trae consigo un mundo distinto al de antes del confinamiento. Dejándonos ver que, en esas instancias, el menú emocional está acotado a las opciones que nos otorga la pantalla. Deconstruir las ideas de lo que antes fue nuestra inmediatez resulta ser la respuesta. El tacto y la corporalidad pasan a formar parte de una intimidad exclusiva, propia, limitada a un entorno confinado que no para todes está compuesto a voluntad. En el llano de las charlas que tenemos con la otredad, usamos la vulnerabilidad y la fragilidad casi como un eje discursivo. La manifestación digital del sentir pasa a ser la única forma posible de cercanía.

Lo que veo como una revelación en todo este tránsito, es que las relaciones que están comenzando o que siguen su curso, priorizan el sentir y recrean a ese otre por medio de recuerdos, de olores y tacto, y recurriendo a la inmediatez de la palabra para hacer más liviano ese deseo que se mantiene intangible.

Cada persona se va a resignificar de una manera particular. Esto quizás acentúe la tendencia a interactuar desde nuestra zona de confort informática, o quizás redefina las prioridades que teníamos establecidas como pilares fundamentales y genere una vuelta a lo analógico, a los encuentros presenciales, a los cara a cara. 

Lo cierto es que la relación entre lo virtual y lo material se ve para siempre transformada. Aún no sabemos de qué modo, pero nos modifica. Por supuesto que esto va dentro de la propia vivencia colectiva, todes vamos a salir de una manera distinta a cómo ingresamos. Muchos de los discursos que veíamos como catastróficos de las redes sociales, van a terminar siendo modificados post-cuarentena principalmente por ser lo único que, a les que estamos soles, no nos deja caer en los márgenes del completo aislamiento. En un tiempo ya no vamos a tomar estas formas como una simple reducción de un generador de información y procesos, eso en definitiva solo será una de las tantas dimensiones que pueda adoptar.

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