ESI: ¿Diversidad de corporalidades o binarismo de género?

Autora
Agustina Berardozzi
Fotos
M.A.f.I.A.

Hace algunos años, muy pocos, supe realmente de qué se trataba la ESI (Ley de Educación Sexual Integral). Si bien es una ley bastante vieja, promulgada en 2006, no había escuchado mucho de ella, y mucho menos en mi paso por la escuela. 

Esta Ley Nacional (N° 26.150), viene a garantizar a nivel nacional, provincial y municipal,  el derecho de les estudiantes a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada. Los objetivos de la misma son: 

  • Incorporar la educación sexual integral dentro de las propuestas educativas orientadas a la formación armónica, equilibrada y permanente de las personas;
  • Asegurar la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos y confiables y actualizados sobre los distintos aspectos involucrados en la educación sexual integral;
  • Promover actitudes responsables ante la sexualidad;
  • Prevenir los problemas relacionados con la salud en general, y la salud sexual y reproductiva en particular;
  • Procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres.

Distintas razones, como mi “llegada” al feminismo y mi paso por la universidad pública, hicieron que un día se nos presentara la necesidad, a una amiga y a mí, de encarar nuestro proyecto de Tesis enmarcado en la ESI. De ahí en adelante empecé a leer e investigar mucho sobre el tema. Comprendí que la ESI es una respuesta política, una bandera, una rama fundamental de la militancia feminista, una herramienta de lucha y de reivindicación de derechos de pibes, pibas, niñes y adolescentes.

Para mí esta ley surge como respuesta a una sumatoria de distintas peleas por los derechos humanos: sexuales y reproductivos. Ratifica una visión enriquecedora y positiva de la sexualidad, incluyendo al placer y por sobre todas las cosas, a la libertad. Fomenta los principios de la igualdad, el respeto y el acompañamiento de todas las personas como base para alcanzar una buena salud sexual, sentimental, reproductiva y un bienestar general. 

La ESI también viene a deconstruir violencias desde los primeros años, nos invita a repensarnos como sujetes sociales y a mirar al otre no como alguien extraño y ajeno a nosotres, sino como un igual. Un otre con distintas características, gustos y placeres. Con la ESI reafirmamos el compromiso de una educación con perspectiva de género y transversal, impulsando a la identificación de distintas manifestaciones de los prejuicios, los estereotipos y la desigualdad de género.

Pero, ¿qué pasa con la visibilización de las corporalidades? Al momento de leer y ahondar un poco más en los lineamientos de la misma, enfocados en la Educación Inicial, nos dimos cuenta que las láminas muestran sólo dos tipos de cuerpos: mujeres con vulva y varones con pene. Lo mismo que nos habían enseñado a nosotras por nuestro paso por la escuela, pero que también se veía reflejado en distintos aspectos de la vida, entendiendo que nacimos y crecimos dentro de una cultura binaria y patriarcal.

Por lo tanto, a los cuerpos de las identidades trans travestis nadie los nombra, nadie los reconoce. Para esta ley no existen niñes ni adolescentes trans travestis. Ni varones con vulva ni mujeres con pene.

Para mi esta ley surge como respuesta a una sumatoria de distintas peleas por los derechos humanos: sexuales y reproductivos.

Seis años después de la promulgación de nuestra Ley de Educación Sexual Integral y producto de años de lucha, se implementa otra ley que también viene a garantizar derechos vulnerados durante tanto tiempo para muchas personas: La Ley 26.743 de Identidad de Género (2012). La misma permite que las personas del colectivo LGTBIQ+ sean tratadas de acuerdo a su identidad autopercibida y puedan ser inscritas en su DNI con el nombre y el género vivenciado. Podemos decir entonces que la ESI se refuerza con esta ley, pero que exista no quiere decir que se aplique.

El colectivo LGTBIQ+ y muches padres y madres de niñes transgénero, vienen sumando a la lucha otra necesidad urgente: que no exista más esta educación binaria que refuerza el estereotipo varón-mujer y que invisibiliza a las infancias trans travestis. El cumplimiento de art. 12 (trato digno) de la Ley de Identidad de Género en las instituciones educativas, permitiría que en los listados, registros y boletines se anoten a les niñes con el nombre que cada une manifiesta.

Si bien muchas veces las resistencias vienen por parte de las familias, también suceden dentro del ámbito educativo. Instituciones públicas y privadas, docentes y directivos deben estar capacitades para poder poner en debate estos temas en todas las escuelas, y garantizar el derecho de todes les estudiantes: recibir una educación con perspectiva de género y derechos. Quienes somos docentes debemos entender que existe un cambio de paradigma, y que hay una nueva forma de entender a la educación.

En todos los casos, en todas estas luchas, está presente la necesidad urgente de dar comienzo a una profunda y revolucionaria manera de entender la educación y la socialización, que nos permita pensar desde una perspectiva mucho más abierta, inclusiva y dinámica.

En estos tiempos que corren, donde las aulas ya no están habitadas, el contacto corporal ha desaparecido y esos vínculos que se fueron construyendo en los espacios educativos se redujeron a una plataforma digital. Debemos repensar y reconstruir colectivamente el futuro que queremos para les pibes. Respetar a las infancias y alzar sus voces, para que crezcan libres y abrazades. Pero también debemos exigir al Estado, en todos sus niveles, que cumpla con su rol indelegable de la aplicación de las leyes y también estar atentes a que funcionen los programas y las políticas públicas de prevención y asistencia.

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