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Ese primer pantalón corto del año

Autora
Marina Vota
Foto
Vareila Mairanga

Un miércoles, después de una jornada laboral que se extendió hasta casi las nueve de la noche, nos reunimos con un grupo de amigues. Era principios de diciembre y como la cuarentena seguía extendiéndose, decidimos juntarnos en el parque Chacabuco que no tiene rejas. Idea que nos pareció excelente hasta que empezaron a devorarnos los mosquitos; esta vez, alguien sí había traído repelente.
De la muerte de Maradona a hablar del Body Positive, hay bocha de pasos, pero son únicos e irrepetibles. Como consecuencia, pasamos al Body Neutral y una amiga tomó la posta de la cantidad de fotos de influencers, que durante la cuarentena mostraban aquello que les molestaba de su cuerpo. Así como también, comiendo un alfajor prometiendo sacrificarse al día siguiente en el gimnasio. O revelando aquellos secretitos que tienen para ocultar ese rollo de más. O, que la verdadera magia está en el ángulo de la cámara. Feminismo y confusión.

Muchas son las cosas que se pueden decir al respecto: que re fácil buscarse un rollo casi en las tripas. Pero dale, dejá de buscarle el pelo al huevo, que de todas maneras está bueno que lo hagan. Igual nada que ver, jamás le habrán gritado gorda en la calle. Salta alguien: a mí tampoco y ando escondiéndome. Otra voz arremete: es que el problema es la maquinaria que hay por detrás, que siempre va a devorar, no importa qué.
Entonces, ¿es posible que aquello que se convierte en moda, sea de todas maneras útil? Me pregunto, ¿el capitalismo puede funcionar sin algo ajeno que colonizar y de lo que apropiarse? Desvarío, ¿podremos cambiar un poquito algo?
Está lleno de marcas de ropa disfrazadas de buenas intenciones, deformando cualquier posible transformación sin modificar su tabla de talles, cuando siguen trabajando con las mismas figuras hegemónicas de talle único. ¿Talle único? Tiene lógica dentro de su lógica misma, porque si salís de la ridícula norma establecida, nos encontramos con el sobrepeso, muy lejos del mercado del deseo, pero quizás tengas suerte y haya en el depósito un talle especial para vos.

(…) al final tanta deconstrucción para siempre sentirse en el punto de partida.

Una amiga cuenta lo flashero que le pareció el emprendimiento de otra cuando se preguntó: ¿Cómo es que nosotres amoldamos el cuerpo a la ropa y no es al revés? Me sonrío, porque no, tampoco me lo había preguntado. Y me sorprende lo poquito que hay que correrse para que las cosas se desarticulen un montón, y que nos ayudan a salir de esa forma de pensarnos que tan mal nos hace y tanto nos exige. Otra conocida fue criticada en su página de Instagram por no tener variedad de talles. Mucha vergüenza que la hizo pensar. Hoy en día, en sus modelos de corpiños, se incluyen los uni-taza (nombre que les puso). Y eso me hizo pensar a mí.

Un policía pasa subido a un cuatri interrumpiendo toda charla a veinte cuadras a la redonda, un mosquito y un amigo se trenzan en una pelea feroz.
Entonces, una amiga se confiesa: va a empezar el gimnasio. Que no se siente cómoda con su cuerpo porque no se siente deseada, porque está gorda. Qué al final tanta deconstrucción para siempre sentirse en el punto de partida. Me siento identificada: el día anterior había ido al cajero. Mientras esperaba en la fila, me puse a leer y algo me distrajo que me hizo mirar mi reflejo en una vidriera.
Me vi.
Mis piernas me hicieron entrecerrar los ojos de lo blancas que estaban y mi postura medio enclenque que hacía que mi panza se muestre como lo que es: una panza. Y vuelvo a mis piernas porque me puse más de costado, cosa de no vérmelas bien. Sí, una gordofobia totalmente internalizada que eu, cómo cuesta sacar.

En el parque conté esta situación porque todes ya andábamos sacando todos los trapitos al sol. Porque amarse a cada segundo se transformaría en un trabajo que no estoy dispuesta a hacer. Porque también dentro del feminismo se establecen nuevas normas que siguen exigiendo y terminan produciendo violencia.
Y parece que esa noche nos hundimos en las miserias que nos cuesta reconocer y nos compartimos desde el error. Entonces seguí, porque me había subido a una y fue revelador (solamente para mí) escucharme decir que soy muy consciente de ese primer pantalón corto que me pongo con los primeros calores. Nunca reparé en esa voz que me obligó a veranos de pantalón largo, a morir de calor porque era mejor que morir de vergüenza. Y que todavía insiste.
Una amiga me pega en la rodilla porque tenía un mosquito. Le dije que me iba a salir un chichón del golpe. Me revoleó los ojos a causa del chiste terriblemente malo, y yo vuelvo mi mirada al pantalón corto y al parque lleno de gente. Y a mis piernas pegoteadas, llenas de picaduras, pelos y deseos.

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