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Deseo: vienes y te vas

Autora
Luciana Barbini
Foto
Laura Flores

En marzo mi estabilidad emocional era como Salem, el gato de Sabrina: hermoso, pero inexistente. Al principio la idea de quedarme en casa y no ver a nadie me parecía justo lo que necesitaba (exceptuando la parte de la emergencia sanitaria y económica, obvio). No quería coger con otres porque todavía estaba procesando un duelo. Quería meterme en mi caparazón como si fuese una tortuga y pensar en mis formas de relacionarme, en cuánto daba y cuánto recibía, en cuánto me costaba poner mis condiciones y mis límites y negociar con la otra persona.

Hay un montón de factores que ya son pensados antes del encuentro y hacen que este funcione aún mejor. Yo no tenía ganas de esforzarme para gustarle a nadie, ni siquiera en esta virtualidad obligada.

La cuarentena me trajo bajones horribles, dolores de cabeza que duraron días y una mal gestión de mi sueño, mi alimentación y mi ya no actividad física. El deseo sexual se puede ver afectado por razones orgánicas – como alguna enfermedad – o emocionales. Ambas van de la mano. Ojo, no es que no tenía ganas de coger. No tenía ganas de coger con otre y todo lo que eso conlleva.

Hay un mito que dice que el deseo es espontáneo, pero la mayoría de las veces esto no es así. El deseo generalmente se planifica, aunque casi no lo percibamos. Imaginate: vas a verte con la persona que te gusta, acuerdan un día, un horario, un lugar. Pensás en qué te vas a poner. Si te depilás, lo hacés. Hay un montón de factores que ya son pensados antes del encuentro y hacen que este funcione aún mejor. Yo no tenía ganas de esforzarme para gustarle a nadie, ni siquiera en esta virtualidad obligada.
Por suerte la paja y yo somos amigas desde que soy muy chica y nunca fue un problema pegarle un llamado cuando la necesito. Pero ahí había otra cuestión: mis ganas de masturbarme venían más desde la ansiedad y la angustia que desde el propio deseo de sentir placer. La usaba como un medio para liberar tensiones más que para disfrutar(me).

Con el pasar de las semanas fui enfocándome en otras cosas, en mi laburo, proyectos, en leer y escribir más y en intentar mejorar mi parte del trabajo en mi espacio terapéutico. También empecé a registrar cómo cambiaba mi deseo sexual según el momento del ciclo menstrual en el cual me encontraba. No es nada nuevo lo que digo y hay estudios al respecto, pero yo simplemente nunca le había prestado atención. Hay determinados días de mi ciclo en los que estoy más caliente que cuando veo a Juan Minujín en joggineta.
Me bajé una app de citas sabiendo que no me duraría más que un par de días porque siempre me sucede lo mismo. La idea de catálogo de personas aún me aleja muchísimo y eso que a la gran mayoría de mis parejas sexuales las conocí por internet. Dicho y hecho, estuve cinco días y la desinstalé. No por algún motivo en especial, solo me aburren, me cansan, nunca entiendo por qué me las bajé en primer lugar y las termino odiando.

¿Viste que dicen que en la vida hay que tener un amigue abogade y otre amigue contador/e? Bueno, reversionaré esa frase: hay que tener une amigue que tenga un colchoncito en su casa para cuando tenés un mental breakdown y une amigue con quien bebotear y sextear sin que se ponga todo raro e incómodo.
Acudí al segundo, llamémoslo T.
T y yo somos amigues hace años, empezamos hablando por twitter y el sexting siempre fue parte del vínculo incluso antes de conocernos personalmente. Nos contamos nuestras cosas y tenemos un contacto casi a diario. Cogimos un par de veces y nos gusta sentirnos deseades mutuamente, creo que por eso nunca paramos. Ya es casi algo cotidiano: une de les dos manda una foto y para el otre ya es beboteo y que comience el juego.
Obviamente esto no reemplaza el contacto físico. Sentir la piel de otre y verme envuelta en un abrazo. Tengo ganas de sacarle la ropa al que me gusta, darle unos besos y que nos vayamos a dormir.
No creo que existan los lugares seguros, pero en este contexto tan raro y sensible emocionalmente, compartir mi deseo con alguien que sé que me quiere, me cuida y con quien no siento presiones de ningún tipo, parece un buena buena manera de transitarlo.

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