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Bailar frente a pantallas

Autora
Florencia Rocha
Foto
Gon Alzaibar

Es viernes y los grupos de whatsapp estallan de mensajes. A la pregunta ‘¿Salimos?’ que yo o algún amigue hacemos todos los findes, siempre le sigue como respuesta el cronograma de la noche que alguien ya tiene planeado. Hubo un tiempo en que esta era una de nuestras rutinas preferidas, donde varios grupos de personas podían reunirse en alguna casa, juntarse a tomar algo mientras sucedían todos los preparativos para ‘salir a bailar’, esto era la previa: el escabio entre amigues y algún otre que se sumaba esa misma noche, arreglarse, decidir a dónde salir. Encontrarnos en un mismo espacio y bailar el tema del momento todes juntes o con desconocides, contorsionarnos y perrear hasta el piso mientras se hacía de madrugada, volver pensando en el bajón que nos espera en casa o ir a un after. La salida del fin de semana persistía como tema de conversación incluso en la semana.
Como en todo, en el ritual de la noche y los boliches también abundan los clichés. 

Con el 2020, las historias de boliche quedaron, allá por el mes de marzo, en alguna parte del recuerdo. Mientras, la cuasi campaña autoconvocada del “que ganas tengo de salir” empezaba a replicarse en las redes sociales. Entre reuniones de Zoom con amigues, lives de Instagram y Youtube, surgían nuevas movidas. Las denominadas fiestas virtuales se impusieron como un espacio donde todavía podemos encontrarnos virtualmente entre todes. Algunos de estos eventos se crearon con el desafío del aislamiento como contexto, surgiendo espontáneamente, otros vieron la necesidad de repensarse al mudar su formato físico al mundo digital. 

Entre reuniones de Zoom con amigues, lives de Instagram y Youtube, surgían nuevas movidas, las denominadas fiestas virtuales se impusieron como un espacio donde todavía podemos encontrarnos virtualmente entre muches.

Bailar en casa, el evento impulsado por Julia Sbriller que contó con diez ediciones, y la fiesta virtual Sepicall organizada por Gia Castello, Gino Cingolani Trucco, Juliana “Prince” Planas y Mariano Legname, surgieron de forma autogestionada durante los primeros meses de aislamiento. En tiempos precovid, la artista Julia Sbriller junto a Catalina Bartolome crearon ‘Pista’ (@estamosenlapista). Bajo el enunciado ‘tiempos difíciles requieren danzas furiosas’ y como una performance sin guión, el evento invita a les asistentes a bailar mirando fotos en un espacio de exposición donde, a través de la música y el baile, se configuran nuevas formas de relacionarnos con las obras mediante la libertad del movimiento de los cuerpos. ‘Bailar en casa’ parte de esta premisa: Julia comparte un afiche en redes reproduciendo el mismo enunciado, fragmento del poema de Alice Walker, y las danzas furiosas comienzan a replicarse. Recibe videos de amigues y conocides bailando, decide crear una playlist colaborativa, abrir una reunión de Zoom y compartir el link en su perfil de instagram. Todos los sábados durante dos horas por diez ediciones decenas de personas se encuentran a través de las pantallas. El espacio virtual es nuestros ojos, pero también nuestra ventana. La cámara encendida es la vidriera por la que dejamos ver nuestra cotidianeidad en casa y, en simultáneo, donde podemos espiar un poco las vidas de les otres. En tiempos de confinamiento el ritual de la danza puede ser sanador, como una forma de traducir lo indecible, de liberar energía, y porque si la cosa se pone difícil, tal vez una buena réplica surja del baile colectivo.

Sepicall (@sepicall) nace entre idas y vueltas de un chat. Gia, Gino, Prince y Mariano, invitan a amigues a bailar por Zoom. Vuelven a repetir el evento en la semana, se suman algunes deconocides y bautizan la movida como “Sepicall”. Las consignas son claras, como mensaje de bienvenida que se repite cada vez que ingresas: ‘Prepará un traguito’, ‘Pimpeate un outfit para perrear’ y ‘crea tu pista de baile’. Una especie de boicot contra la monotonía del encierro, una red espontánea de encuentros virtuales con otres por unas cuantas horas del sábado y algunas anécdotas e historias de amor y encuentros clandestinos entre personas que se conocieron online en la fiesta. Internet es este espacio que desconoce límites geográficos y, rápidamente, también puede volverse muy inseguro. Es en este sentido que les organizadores de Sepicall decidieron sumar un código de conducta y protocolo de acción específicamente creado para un espacio virtual buscando incentivar el respeto entre quienes participen de la fiesta, ya sea desde el cuidado de la identidad de cada une en la web, hasta la eventualidad de reportar posibles comentarios molestos o inapropiados dando aviso a les anfitriones. Sepicall se transformó en una comunidad que va más allá de la noche de los sábados y que parte del respeto, de las ganas de bailar y de la libertad de los cuerpos frente a las cámaras. 

El formato de Sepicall supo tomar ventaja de la desterritorialización que ofrece el mundo virtual, trazando redes con diferentes artistas, Djs locales e internacionales que participan en las distintas ediciones. Entre ellos está Diego aka Villa Diamante (@villadiamante), Dj argentino y Vj BabyCall que junto a su equipo hostean el ciclo Hasta la Pista transmitiendo en vivo por su canal de Youtube las noches de los jueves, sábados y domingos, y que se acerca a su edición número #100, con alrededor de doscientos artistas invitades hasta el momento. Las noches de los sábados son junto a Sepicall, ‘se escucha en Youtube, pero se baila en Zoom’ es la consigna que puede leerse en el Canal de Villa Diamante.

Sorteando las primeras complicaciones propias del streaming desde Youtube, Hasta la Pista busca explotar al máximo los recursos que ofrece la plataforma creando un formato propio para el medio virtual donde se aloja. La denominada ‘lectura de pista’ se traslada al contexto del chat que se vuelve un espacio activo para interactuar entre el público; pero también un lugar que permite los comentarios de Diego acerca de lo que se está escuchando. La oportunidad de hablar sobre la música, dejar un track de principio a fin mientras se contextualiza y baja data es una nueva posibilidad que se presenta con este medio. No se trata de la simple escucha sino de la participación, del feedback y la réplica.  

El reencuentro en las pistas, cruzar mensajes de whatsapp en el grupo de amigues que organiza la previa, bailar entre desconocides flasheando amistad repentina parecen todos eventos con fechas que se patean a un futuro, aunque próximo, muy incierto. Las fiestas virtuales aparecen frente a la manija por el baile, pero también para trazar redes de contención en el contexto del encierro -sin olvidar que la economía del entretenimiento junto a todes les trabajadores de la cultura es uno de los sectores que está siendo más golpeado por la pandemia-, un espacio de comunidad donde bailar es la excusa y respuesta para extender redes con otres artistas, festejar cumpleaños acompañados a la distancia, hacer frente a algún desamor en cuarentena, salir de la rutina viciosa del domingo sinfín, o perrear lo nuevo de Bad Bunny o Cazzu. No es la réplica exacta de una noche de perreo en algún boliche de Microcentro o Palermo, aunque la premisa sigue siendo la misma: frente a las restricciones, bailar puede significar ese recreo y pausa deseados. La singularidad de las fiestas virtuales se basa en compartir e interactuar en otro formato, a través del chat, las cámaras web y las redes sociales, desde un espacio que nos es tan seguro como propio, nuestras casas, donde vemos el mosaico de personas en varias pantallas que coexisten en paralelo y a la vez sin importar exactamente donde nos encontremos geográficamente. Quizás sea exactamente esta desterritorialización la que permita pensar en una nueva configuración de las fiestas en un futuro post covid, híbridas entre lo virtual y lo presencial, un espacio físico y su streaming en alguna plataforma digital, un chat virtual  que se comparte en vivo, visuales que se combinan y retransmiten lo que sucede en las cámaras web.
Para las fiestas también existirá un antes y un después, aunque la misma hipótesis finalmente siempre se verifique: Bailar es para todes. 

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